Al denunciar a Sadous y querer divulgar su declaración, el oficialismo busca amedrentar a futuros testigos
Carente de argumentos y aún bajo el impacto de las últimas revelaciones sobre el presunto cobro de coimas a empresarios argentinos que procuraban exportar sus productos a Venezuela, el oficialismo se ha embarcado en una serie de maniobras que, si bien a primera vista resultan infantiles, en el fondo tienen una alta dosis de perversidad y buscan silenciar a importantes testigos.
La semana pasada el ex embajador argentino en Venezuela Eduardo Sadous declaró ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, afirmando, como ya lo había hecho ante la Justicia, la existencia de "gestiones paralelas" en Venezuela y supuestas irregularidades en las exportaciones argentinas a ese país en las que involucró al Ministerio de Planificación.
Si bien se había acordado que la sesión fuera secreta y que, por lo tanto, idéntico tenor tendría la importante declaración del embajador, el kirchnerismo redobló desde entonces su presión en la Cámara de Diputados para que la oposición haga público el testimonio.
Sadous, obviamente, había declarado con la garantía de que su testimonio sería confidencial. En su declaración habría mencionado al titular de la cartera de Planificación, Julio De Vido, y a Néstor Kirchner.
Los legisladores opositores creen que el empecinamiento por lograr la publicidad del testimonio tiene como objetivo restarles poder de fuego a sus investigaciones y desalentar la presentación de los próximos testigos. "Si rompemos las reglas de juego y hacemos públicos sus testimonios, ¿quién nos va a creer?", sostuvo un legislador de la oposición.
En los próximos días debe testimoniar ante la comisión el ex defensor del pueblo Eduardo Mondino, quien durante su gestión recibió quejas de empresarios sobre las comisiones que debían pagar a una empresa intermediaria, Palmat, para poder exportar productos a Venezuela. Esas comisiones iban del 15 al 20 por ciento y, según sospecha la oposición, se trataría de coimas encubiertas.
Pero seguramente los testimonios decisivos corresponderán a los empresarios que habrían sido testigos del ilegal proceder de los funcionarios argentinos que les exigían como condición para hacer negocios con el régimen de Hugo Chávez el pago de tan insólitas como irregulares comisiones. Seguramente estos testigos se sentirán amedrentados ante la posibilidad de que sus dichos trasciendan si se llegaran a conocer finalmente las declaraciones del ex embajador Sadous.
La otra herramienta de presión que ha aplicado el kirchnerismo son unas cobardes e infundadas denuncias judiciales contra Sadous por presunto falso testimonio. Una la radicó De Vido y otra Claudio Uberti, ex titular del Organo de Control de Concesiones Viales (Occovi) y una suerte de embajador paralelo ante Venezuela. Claramente, se trata de un hipócrita y cínico intento de amedrentar a Sadous y a los futuros testigos que deberán declarar tanto en la Cámara de Diputados como en la causa que lleva adelante el juez federal Julián Ercolini.
Por otra parte, y confirmando la coherencia de la actitud de Sadous a lo largo del tiempo, han trascendido ahora más de 30 cables secretos que envió a la Cancillería desde Caracas a partir de 2004, en los cuales solicitaba instrucciones sobre qué actitud adoptar ante misiones oficiales como las que De Vido y Uberti realizaban a sus espaldas, y manifestaba sus sospechas sobre los extraños manejos del fideicomiso para comprar fuel oil provisto por la empresa venezolana Pdvsa.
En vez de recurrir una y otra vez a procedimientos más propios de grupos mafiosos, lo único que debería hacer el Gobierno es procurar explicar por qué exigía que se pagaran comisiones a la empresa Palmat, por qué esas comisiones quintuplicaban las comisiones habituales y por qué la relación comercial con Venezuela exigía una diplomacia paralela, al margen de la Cancillería y a cargo de Uberti y De Vido. Diplomacia paralela que el propio De Vido terminó por admitir públicamente.
En este contexto, es preciso destacar la valentía y firmeza del embajador Sadous en sus declaraciones. La historia judicial de los últimos años muestra que las investigaciones de los grandes casos de corrupción han logrado avanzar gracias a un puñado de testigos que permanecieron indemnes ante las presiones y dispuestos a afrontar las represalias.
Es posible, también, que en la actitud de Sadous pesara, además, su condición de diplomático de carrera, condición que el actual gobierno no suele tener en cuenta en el momento de designar embajadores en importantes destinos. Nada extraño en una administración que ahora, y sin vergüenza, reconoce la existencia de diplomacias paralelas.