De ayer a hoy, de Cubilla a Suárez, de Luis a Luis
En 1970, Luis Cubilla había marcado el último gol uruguayo en un mano a mano mundialista. En las semis de México, la celeste le mojó la oreja a aquel gran Brasil y se puso 1 0, pero después el campeón se lo dio vuelta con Clodoaldo, Jairzinho y Rivelino.
En Italia 90, Daniel Fonseca había provocado el último triunfo uruguayo en Mundiales con aquel cabezazo frente a Corea del Sur. Campeón en 1930 y en 1950, Uruguay deja huellas en los números "redondos". Sudáfrica 2010 ya lo tiene entre los ocho mejores. Hace ocho meses, penaba por la clasificación en el repechaje frente a Costa Rica. Hoy disfruta de su mejor actuación en cuarenta años, con ese inconfundible sabor que da la dificultad atravesada para lograr el éxito. La lluvia en Puerto Elizabeth le agregó un punto de épica a su victoria ante un duro rival.
Basta de hablar de equipos fáciles y cuadros accesibles. Ninguno de nosotros tiene idea de lo que cuesta ganar un partido de eliminación directa en un Mundial. Tras el empate ante Francia, Tabárez, el mismo DT que en aquel triunfo del 90 modificó el esquema defensivo (pasó de tres centrales a línea de cuatro) y puso tres delanteros. Como no se puede hablar de tácticas sin nombres propios, vale destacar sus dos aciertos. Jorge Fucile, lateral puro, contribuyó con firmeza y criterio para proyectarse sobre la izquierda. Y Edinson Cavani interpretó su rol complementario como compañero de Suárez y Forlán. Atacante natural, retrocedió por la derecha en todas las jugadas para que Diego Pérez, el león del medio, no se desgastara cruzando sobre el costado. Los movedizos tres mosqueteros habían participado del gol a México y también armaron el primero frente a Corea. Cavani abrió el juego para Forlán en la izquierda. Diego metió el centro que los defensores miraron y el arquero no cortó en su territorio. Y Suárez, que se había alejado del ruido para quedar solito, definió de primera. Tras el prematuro festejo, la Celeste no defendió la ventaja con la pelota. Achicó espacios con la última línea clavada en el borde del área grande y los delanteros retrocediendo hasta el medio campo para tener al equipo corto. Pero en la segunda mitad, se acurrucaron contra su propio arco. Allí un error se paga con gol en contra. Muslera y Lugano se negaron espacios, el arquero no salió a romper todo y el 17 Chung Yong empató el juego.
El partido le pedía un cambio a Tabárez. Y el Maestro puso a Lodeiro, un enganche, por A. Pereira, mediocampista de banda. Armó un 4-2-1-3. El equipo interpretó el mensaje y fue a ganarlo. Llegó ese centro de Forlán. Luis Suárez abandonó al rebaño y volvió a fabricarse el espacio para quedar solito. Recibió de Lodeiro y le rindió tributo a Enzo Francescoli con una definición principesca. Este golazo vale más que los 46 que anotó para Ajax la temporada pasada. En ese sufrido final, Corea empujó contra su arco a la celeste, que aguantó desde el puro instinto de conservación al que apelamos todos cuando tenemos miedo de perder algo valioso. Nos emocionó con el festejo. El paisito , milagroso exportador de futbolistas, está en cuartos. Le toca Ghana. El gol de Cubilla del 70 vuelve al archivo. Ahora ese lugar le pertenece al derechazo de Suárez. Pasaron cuarenta años. Uruguay sigue gritando goles de un Luis.
Por Juan Pablo Varsky
Para LA NACION
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