El honor del seleccionado argentino quedó a salvo con la categórica victoria por 41 13 ante Francia, la más holgada de la historia ante una potencia.
Tiene un valor reivindicatorio frente a los magros resultados de la serie con Escocia (derrotas por 24-16 y 13-9), pero, fundamentalmente, la demolición Puma llenó de satisfacción porque representa una inequívoca demostración de que el seleccionado se reencontró con su esencia. Durante las dos primeras semanas de esta trilogía de compromisos se reclamó por la aparición del equipo en su auténtica expresión, respuesta que llegó en Vélez, nada menos que ante el opulento Francia. En la superior producción durante la era posmundial, la Argentina obtuvo la victoria más holgada de historia frente a una potencia: el memorable 41-13 -margen de 28 tantos- con el que aplastó a los Bleus desplazó de las referencias la veintena de puntos de distancia ante Inglaterra en 1997 (33-13).
Este triunfo grandioso rescata al conjunto de Phelan y Turnes de la intrascendencia, postergación a la cual había descendido por la inconsistencia, un síntoma persistente y que, en esta época -después de dos años de exámenes y reconstrucción-, empezaba a ser agobiante. Apelar a la enjundia, componente dominante del ADN de los Pumas, permitió volver a ser un equipo fiable, con convicción y de espíritu indomable. En la adversidad se hicieron gigantes, una conducta que le faltaba descubrir a esta generación, más allá de que la mayoría de los jugadores sabe a la perfección lo que es brindarse en cuerpo y alma para cicatrizar las heridas.
Como todos los enfrentamientos con los franceses, el combate físico de los delanteros marcó el rumbo en la primera media hora, pasaje en el cual los pateadores validaron los méritos de sus compañeros. Entre el debutante Porical -inauguró el marcador-, Contepomi y Parra avivaron el fuego de un choque vigoroso. Pero a medida que empezó a tomar contacto con la pelota y su participación se volvió fluida, el N° 10 argentino pudo brillar en su máximo esplendor. Antes de que el crack Puma completara su majestuosa tarea, apareció otro adalid de la pasión: Juan Fernández Lobbe. El octavo capturó un despeje bleu en su propio terreno y encaró con determinación; un par de cambios de paso le despejaron el acceso a la vertiginosa proyección de Rodríguez Gurruchaga que, luego de desairar a sus marcadores, volvió a conectarse con Corcho y éste se zambulló en el in-goal. Fue una conquista formidable, la estocada profunda que acabó con la monotonía. Optima acción para clausurar el parcial (19-6).
Aquel golpe tuvo el efecto de un knock-out, pues dejó tambaleantes a los franceses. Los Pumas continuaron prevaleciendo en las formaciones fijas, defendiendo con estoicismo y lastimando en cada avance. Contepomi, a poco del comienzo del segundo capítulo, refrendó la avasallante preeminencia con una estruendosa corrida, sacándose oponentes sin contemplación (26-6). La segunda ovación de la multitud (la primera se la brindaron a Fernández Lobbe) encendió aún más a los inspirados guerreros argentinos: en un ataque de buen y punzante control, anotó Carballo (31-13). Los europeos, desbordados, nunca pudieron contrarrestar la vehemencia de un adversario implacable: desde un scrum robado, Leguizamón abasteció a Contepomi para que éste redondeara una jornada rutilante con una cuarta conquista -segunda personal-. Un epílogo sublime para un logro que enaltece el honor.
7 Un par de victorias aisladas (en 2006 y 2008) no alcanzan para torcer la seguidilla negativa de Francia frente a los Pumas, que ganaron siete de los últimos nueve enfrentamientos. El último éxito de los europeos en Buenos Aires fue en 1998 (37-12). El anterior festejo celeste y blanco más abultado se dio en el cotejo por el tercer puesto del Mundial 2007: 34-10.