Vía libre para las imprudencias de los colectiveros
Puede que los colectivos urbanos se inscriban hoy entre los que incumplen con mayor asiduidad las reglas de tránsito en la Capital, con el agravante de que, por tratarse de un transporte público de pasajeros, estas violaciones a la normativa vigente se consideran muy graves. Las empresas de ómnibus urbanos durante años gozaron de un guiño oficial para cumplir a medias con ese compromiso social que refiere a la prudencia al conducir y al respeto por sus usuarios.
En todo 2009 se labraron 3.964.318 actas de infracciones de tránsito en la ciudad; de ellas, 0,56% correspondió a colectivos (22.179 multas); el 1,14%, a taxis (45.223), y el 98,30%, a vehículos particulares (3.896.916), según datos oficiales. En la Capital hay 1,7 millones de autos, 36.000 taxis y 9688 colectivos. Si bien existe una proporcionalidad aproximada en función de la composición del parque automotor, la mayoría de los colectivos y taxis, a diferencia de los autos particulares, circulan en forma permanente por la ciudad. Y el alto nivel de infracciones del transporte público puede advertirse de manera cotidiana en calles y avenidas porteñas.
Las escasas multas a colectivos suman otro agravante: desde siempre, estas infracciones no estuvieron destinadas a los choferes sino a las empresas cuyos representantes, al fin de cuentas, se sientan a una mesa de negociación con el Estado porteño para resolver cómo y cuándo las cancelarán. ¿Y la sanción ejemplar para el conductor, que hará repensar su mala acción por haber excedido el límite de velocidad o por haber cruzado un semáforo en rojo? Bien, gracias.
El director de Seguridad Vial de la Capital, Pablo Martínez Carignano, dijo que desde este año la situación cambió: las multas de tránsito se labran a los conductores. Para eso los inspectores deben detener a los colectivos para sancionarlos y esa es la razón, según el funcionario, por la cual en este primer trimestre del año se hicieron sólo 3491 multas a colectivos, 46% menos respecto del mismo período del año anterior. ¿Realmente se ven estos controles en la calle? ¿Lo advierten los pasajeros, a bordo de los ómnibus? No parece.
Claro que otros "méritos" han hecho los colectivos para ganarse el monolito a la imprudencia: tienen el visto bueno para sortear las paradas establecidas, para no respetar la regularidad de los servicios, para que sus pasajeros viajen hacinados, para detenerse lejos del cordón y, por supuesto, para emanar gases contaminantes en cantidades curiosamente llamativas. Faltas que, en gran parte, debiera controlar la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), organismo nacional que imparte sanciones muy poco ejemplificadoras y con operativos de dudosa eficiencia.
En el país del vale todo, si algo le faltaba a las empresas de colectivos para completar su "compromiso social" es su manifiesto intento de plegarse a la disposición de ofrecer viajes gratuitos para sus usuarios a cambio de que la ciudad le condone las infracciones de tránsito.
Sí?, desde que el gobierno de Mauricio Macri tomó esta medida que habilita a los taxistas a cancelar sus faltas con viajes sin cargo para personas de la tercera edad, han presionado para ser parte del proyecto. Por ahora, desestimado entre los funcionarios porteños por tratarse de una iniciativa poco aplicable en la práctica. Pero que, de concretarse, Buenos Aires daría otro paso atrás en su compromiso de ser garante de la obligación de las empresas de transporte público de brindar un servicio seguro y eficiente.
Por Pablo Tomino
Especial para lanacion.com
@prtomino