Tras el anuncio de la flexibilización cambiaria, la moneda china se revaluó frente al dólar
PARIS.- La moneda china alcanzó su cotización más alta de los últimos cinco años frente al dólar, después que Pekín anunció su intención de flexibilizar en forma gradual su tasa de cambio. Los mercados reaccionaron con gran entusiasmo a un gesto que, sin embargo, fue recibido con gran escepticismo por los gobiernos occidentales, que lo interpretan como una maniobra propagandística en vísperas de la cumbre del G-20.
El yuan cerró ayer a un cambio de 6,7979 contra un dólar, performance nunca vista desde la reforma de la tasa cambiaria del renmimbi (moneda del pueblo, nombre oficial del yuan) en julio de 2005 y su revaluación de 8,28 yuanes a 8,11 por un dólar. Desde 2008, China había mantenido fija la cotización de su moneda frente al dólar, para ayudar a estabilizar su economía.
Las alzas de Londres (0,9%), Francfort (1,2%) o París (1,3%) acompañaron los notables avances en los mercados asiáticos. Sin embargo, en Wall Street quedaron reflejadas las dudas de los inversores sobre los anuncios de Pekín, y el Dow Jones perdió un 0,08%. El oro, por su parte, estableció un nuevo récord histórico al superar por primera vez la barrera de los 1265 dólares la onza.
El Banco Central chino había anunciado el sábado su intención de continuar la reforma de su tasa de cambio e introducirá mayor flexibilidad en el sistema. La decisión fue interpretada como el signo de que la moneda china sería desacoplada del dólar y recomenzaría a apreciarse frente al billete verde. No obstante, China advirtió que esa revaluación se hará en forma gradual y no alcanzará por sí sola a equilibrar el crecimiento mundial, si los demás países no aplican una reforma fundamental del sistema financiero global.
El gesto de Pekín se produce en vísperas de la reunión del G-20 para este fin de semana, en Canadá, y son numerosos los analistas que interpretaron la iniciativa del sábado como un "efecto de anuncio" por parte de los dirigentes chinos. "Esto neutralizará una parte de las críticas que China habría recibido durante el G-20", analizó Mitul Kotecha, del banco Crédit Agricole.
"Con toda seguridad, esto es una tentativa de no transformarse en blanco de los miembros del G-20", opinó, a su vez, Willy Lam, de la Chinese University en Hong Kong. Para Lam, la "apreciación del yuan será muy limitada: del orden del 5% en los próximos 12 meses. Es decir, muy por debajo de las expectativas". Para los economistas, el yuan está artificialmente devaluado en cerca del 40% frente al dólar.
Los jefes de Estado y de gobierno del G-20 habían lanzado un llamado a las economías exportadoras con una balanza comercial excedentaria, como China, a incentivar el consumo interno. Por su parte, las economías más ricas, como Estados Unidos, debían hacer esfuerzos para reducir sus deudas públicas y sus déficits.
Después de más de dos años de forcejeo con Pekín, los occidentales se congratularon del anuncio. El Banco Central Europeo (BCE) y el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, se felicitaron en un comunicado. Para el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, el gesto de Pekín es "muy alentador".
El presidente estadounidense Barack Obama dio la bienvenida a una "medida constructiva" y anunció su intención de analizarla en Toronto el 27 y 28 de este mes.
El presidente chino Hu Jintao, que viajará a Canadá, advirtió, sin embargo, la semana pasada que no tenía intenciones de hablar de la tasa de cambio del yuan.
Pero la decisión de Pekín no consiguió calmar los ardores de los parlamentarios estadounidenses que luchan desde hace años contra la depreciación artificial de la moneda china. El senador Charles Schumer indicó el domingo que espera hacer avanzar cuanto antes un proyecto de ley que permita imponer sanciones a las importaciones chinas.
Esas presiones sobre Pekín aumentaron después que China, tercera economía mundial, volvió a experimentar este año un fuerte crecimiento, al mismo tiempo que aumentaron sus exportaciones. En mayo, su excedente comercial alcanzó casi a 20.000 millones de dólares.
A mediados de 2008, presintiendo el agravamiento de la crisis mundial, China volvió a amarrar su moneda al billete estadounidense en unos 6,8 yuanes por dólar. Esa política no impidió que sus exportaciones -pilar de su economía- sufrieran las consecuencias de la reducción brutal de la demanda extranjera. El país padeció en ese momento una ola de cierres de fábricas exportadoras, mientras millones de trabajadores precarios perdieron sus empleos y debieron volver al campo.