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Arriba Palermo
El tiempo pasa, pero sigue demostrando que siente que nada es imposible. Con dos cabezazos de su sello, el delantero hizo los dos primeros goles de Boca y marcó el camino para una goleada que mantiene abierta la ilusión.
Hay una pelota que vuela por el área de Vélez. Hay un hombre que quiere cazarla y mandarla a la red, su especialidad. Eso sí, esta vez la redonda le queda atrás. Entonces, él dibuja una pirueta similar al escorpión tirándose de cabeza hacia delante y buscando engancharla con los talones, los gemelos o lo que sea. Parece una misión imposible, inclusive con matices grotescos, pero a Martín Palermo no le importa. Se hace cargo. Como es la única alternativa, aunque suene a utopía, la intenta. El resultado -en este caso negativo, porque el balón sigue de largo- es lo de menos. Lo que vale es el mensaje de fondo que transmite ese gigante de la camiseta 9. Apuesta siempre a ganador, a lo máximo. Nunca se guarda una ficha. Jamás se resigna. Por algo siempre suele ser crucial en las tardes felices de Boca. No es casual que ya sea costumbre observarlo arriba, bien arriba.
Era un buen momento para ser Palermo. El miércoles había festejado los 34 años y ayer cumplía su partido 300 en torneos locales del fútbol argentino de Primera División, 90 en Estudiantes y 210 en Boca. Encima, eran 90 minutos que definían si la reacción de su equipo mostrada ante Racing había sido un espejismo o el trampolín a la concreción de otros sueños, domésticos (Apertura) e internacionales (Mundial de Clubes). No debía regresar a su casa como un futbolista más.
Y otra vez el 9 fue determinante. Lo logró aprovechando acciones mellizas. Tras dos centros. Con dos cabezazos. Y con tres cómplices: un mismo lanzador, su amigo Hugo Ibarra; un idéntico marcador estático y dormido, Hernán Pellerano; y un arquero indeciso, Germán Montoya.
Fueron dos los goles de Palermo, pero pudieron ser más por aquel escorpión frustrado, por otro cabezazo bombeado apenas desviado y por las múltiples dudas defensivas de Vélez.
Impacta verlo al Titán ahí, en el césped, atento y esforzado, no dando por perdida ninguna pelota. Y conmueve también detenerse en su cosecha personal. Pobre Francisco Varallo. Lo acecha Palermo. Cada vez lo tiene más cerca. Ahora, con los dos gritos de ayer, Martín suma 174 en Boca y le faltan 20 para igualar a Pancho como máximo anotador del club en el profesionalismo.
De todas maneras, en otro rubro, Palermo puede superar a Varallo antes, mucho antes, tal vez en el próximo partido. Es que con dos goles más, el goleador de hoy llegará a 180 en torneos locales de Primera División, quedará en el puesto 17ø del ránking histórico y equiparará a Pancho.
Seguro que podrá Palermo, el goleador que está seguro de que no existen los goles imposibles.
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