Un inglés que habla de ballet, claro y sin apresto
Karl Burnett dice que Manon es su pan de cada día
La primera vez que LA NACION se encontró con Karl Burnett fue durante una cena organizada por la dirección del Colón para darles ímpetu al Ballet y a sus nuevas camadas de artistas.
En este contexto, frente a su segundo plato de bife con papas fritas de la semana, surgieron las primeras conversaciones con el coreógrafo inglés. Burnett resultó un tipo de ideas muy claras y nada rebuscado, que habla de ballet sin apresto ni almidones. Si el repositor fuera un cocinero, diríamos que MacMillan es su especialidad y Manon su plato fuerte. "Mi pan con manteca", se ríe él, confesando que la pieza es lo más cercano a su pan de cada día.
Un mes más tarde, en el break de una jornada de ensayos, Burnett (todo un gentleman ) ofrece su abrigo sobre el piso del patio trasero del Centro de Exposiciones, prende un cigarrillo y retoma aquella charla.
-Como bailarín, ¿qué significó para vos Manon?
-Tengo siempre una parte de Manon en el corazón. A los 12 años, lo vi por primera vez en Londres. Y tuve la fortuna de haber visto a Nureyev como Des Grieux, entre varios casts . Me ha marcado mucho en la cabeza.
-¿Lo bailaste?
-No. Hay dos roles que me hubiera encantado hacer en mi vida: Lescaut, de Manon , y el príncipe Rudolf, de Mayerling [las dos, obras de MacMillan].
-Pero conocés cada paso?
-¡Tal es el amor que tengo por esta producción!
-Sobre tu elección de los bailarines para los roles protagónicos, me decías: "Si MacMillan estuviera vivo y aquí, hubiera elegido a ellos". ¿Por qué?
-A los jóvenes, porque son más fáciles de modelar, como la manteca. No es dura. A veces, con los que tienen experiencia es mucho más difícil que adquieran cosas nuevas, diversas, interesantes. MacMillan adoraba tomar del cuerpo de baile a quien tuviera algo interesante dentro, que no fuera una cosa evidente, que fuera diferente.
-Hablabas de la "utilidad de la inexperiencia".
-Manon es muy joven, tiene 15 años; Des Grieux, 16 o 17. Son roles que no necesitan una gran experiencia escénica. En el ballet clásico se comportan de una manera que no es la verdad, y Lady MacMillan me pidió que se viera normal, natural: que no estuvieran parados en primera posición. Es más fácil construir con nada algo real que con alguien que tiene muchos años de experiencia.
-¿Estás contento con el resultado?
-Hay que trabajar hasta el día del estreno. Estoy contento porque hay 70 personas en el escenario: un cochero, un lacayo, un mendigo, una cortesana, todos son tan importantes como Manon y Des Grieux. En este ballet, cuando lo hago yo, no hay figurantes.