En las casi seis horas que duró su paso por el Senado, Aníbal Fernández reforzó varias certezas.
La más evidente: que su cintura y versatilidad para defender al Gobierno están intactas. Otra, decididamente menos elogiosa, que sus argumentos muchas veces esconden verdades a medias, contradicciones y omisiones oportunas. Por eso, un repaso de algunas de sus respuestas (y silencios) en el recinto surge como una buena oportunidad para observar el discurso kirchnerista en acción.
En la exposición previa a las preguntas, el jefe de Gabinete describió el canje de la deuda como un éxito. Dijo estar "satisfecho" porque el Gobierno logró la adhesión de "todos" los grandes deudores, con bonos por más de 100.000 millones de dólares. Justificó así que, hasta ahora, el canje haya alcanzado el 50 por ciento de aceptación. Aunque a la operación le quedan aún poco más de dos semanas, lejos quedó para el Gobierno, y para Fernández, claro, el 75% que Amado Boudou vaticinó durante meses.
La situación del Indec ocupó buena parte de la sesión especial en el Senado. Tras aludir al "poder" de Guillermo Moreno y provocar la frase que devino en renovado apoyo al secretario de Comercio Interior ("Moreno cumple órdenes de la Presidenta", esquivó el jefe de Gabinete), la radical Laura Montero (Mendoza) recordó la manipulación del índice de inflación en su provincia para luego preguntar por el futuro del polémico adalid de los precios. Fernández no dijo una sola palabra sobre el falseamiento de las estadísticas, por el que hay dos causas judiciales abiertas y un daño en la credibilidad de las cifras oficiales difícil de reparar.
En cambio, volvió sobre el repetido discurso del "cambio metodológico" que la Casa Rosada sólo explica por la reducción a la mitad de la canasta de bienes y servicios relevados para el cálculo del IPC. Una vez más, se escuchó de boca de un vocero oficial la lista de productos y servicios que volaron de la muestra para ajustarla al consumo post convertibilidad (no faltaron las rosas ecuatorianas ni los viajes a Cancún, dos clásicos infaltables de esa nómina del horror). Afuera del argumento quedaron las recomendaciones de los especialistas respecto de que cuanto más grande sea una muestra, mejor será la medición, y que la clave para reflejar cambios en las conductas de consumo está en adaptar la ponderación de los productos en el índice, no en hacerlos desaparecer.
"Hay que ir todos los días a relevar los 440 productos a lugares que son secretos y que no se pueden conocer", dijo enseguida para explicar la evidente diferencia en la capacidad de cobertura de un organismo estatal de la dimensión del Indec y la de cualquier consultora privada. Lo que no dijo es que uno de los ejes del desmantelamiento del Indec, por la que Moreno es investigado, es la violación del secreto estadístico, es decir, la protección de la identidad de los comerciantes que todos los meses informan sus precios al organismo.
Fernández no dudó. Aludió al Consejo Académico, que integran cinco universidades convocadas para revisar las estadísticas que el Indec produce desde que está intervenido por el Gobierno, como una medida destinada a "fortalecer y dotar de transparencia" al Indec. Aseguró además que al cuerpo "se le aportó toda la información" requerida. Eligió dejar de lado las repetidas quejas de las universidades por la resistencia del Indec a entregar datos clave y por la falta de colaboración (con agravios incluidos) de la que acusan a las autoridades del organismo, dos motivos por los que la evaluación estuvo varias veces al borde del naufragio.
La omisión volvió a hacerse presente cuando, para defender al Indec intervenido, el jefe de los ministros destacó que las cifras que produce el organismo son usadas por la ONU, la OMC y la Cepal, incluso por la Unión Europea y el Mercosur. "Nadie es profeta en su tierra", se lamentó. Fuera de su lista, quedó, como era de esperar, el denostado FMI, que desde hace meses publica las cifras oficiales de inflación y crecimiento con un sutil pero letal asterisco en el que se aclara que "los analistas privados estiman que el IPC ha sido considerablemente más alto" y que el PBI "ha sido significativamente más bajo que lo que dicen los reportes oficiales desde el último trimestre de 2008".
Frente a los representantes de las provincias, Fernández echó mano de las "diferencias metodológicas" entre las mediciones que se hacen en cada distrito para explicar por qué los índices de inflación de provincias como San Luis y Santa Fe (sensiblemente más altos que los que publica el Indec) no son comparables con el resto. Decidió olvidar que fue Néstor Kirchner quien en 2006 ideó el IPC nacional, creado justamente para permitir esas comparaciones y que fue también el ex presidente quien decidió enterrarlo en el olvido cuando empezó a dejar en evidencia la brecha entre los datos salidos de la sede porteña del Indec y los llegados desde el interior.
En medio de tantas verdades incompletas y huecos llenos de intención, Fernández dejó una promesa que no admite lecturas dobles. "Mi vocación es seguir cumpliendo con esta obligación. Así que el mes que viene iré a la Cámara de Diputados y el otro mes estaré en la de Senadores", dijo después de pedir disculpas por haberse ausentado desde septiembre de 2009. Habrá que esperar 30 días para saber si a la afirmación, pensada en una casilla imaginaria, le corresponde agregarle el rótulo de "verdadero" o el de "falso". Como en algunos exámenes, pero, esta vez, frente a un deber constitucional.
Por Lucrecia Bullrich
De la Redacción de lanacion.com