Como ocurrió antes con su subordinado Jaime, algunos vuelos del ministro más poderoso despiertan sospechas
Nngún ministerio concentra tan alto número de casos resonantes de corrupción como el de Planificación Federal, a cargo del arquitecto Julio De Vido. La cantidad y calidad de esos casos están en relación directa con el enorme poder político y económico que acumula esa cartera y, probablemente, también con la muy estrecha relación del ministro con el ex presidente Néstor Kirchner, nacida en los tiempos en que éste gobernaba Santa Cruz.
A esa serie de escándalos entre los que se destacan Skanska, la compra de fueloil venezolano, la venta a Caracas de maquinaria agrícola previo pago de presuntas coimas, la valija del venezolano Guido Antonini Wilson con 800.000 dólares y el supuesto enriquecimiento ilícito del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, se agregan ahora, tal como informó LA NACION, dos viajes realizados en febrero pasado por De Vido a Caracas y a Tarija, Bolivia, en un jet privado al que rodean tantos misterios como los del que, se sospecha, habría adquirido Jaime mediante testaferros.
El que usa De Vido, valuado en diez millones de dólares, sería superior al de Jaime y arribó a la Argentina en mayo del año pasado, tres meses después que el de Jaime.
La propiedad del avión que suele utilizar De Vido se la atribuye el piloto Gustavo Carmona, procesado en la causa en que se investiga a Jaime por haber recibido dádivas de empresarios a los que debía controlar.
Según la Justicia, el propio Carmona se habría contradicho a sí mismo en septiembre del año pasado al negar haber sido dueño de un avión.
Carmona sería propietario de Empren-dimientos y Servicios Aeronáuticos, una empresa inscripta como propietaria del avión que emplea De Vido, y está acusado de haber pagado en efectivo controvertidos vuelos realizados por el ex secretario de Transporte Jaime.
Carmona dijo a este diario que es el propietario del avión y que transportó varias veces a De Vido. Afirmó, además, ser proveedor del Estado argentino y estar inscripto como operador de taxis aéreos, algo que no surgiría con claridad en los registros públicos de la Dirección Nacional de Aeronavegación, donde, además, no hay datos de la aeronave en el que vuela el ministro.
Una vez publicada la investigación de LA NACION, el vocero de De Vido negó las irregularidades y sostuvo que el avión fue contratado mediante un concurso de precios porque no había aeronaves oficiales disponibles.
Sin embargo, es difícil creer que no se contara con ningún avión oficial para volar a Caracas y Tarija, o que las misiones oficiales a ambas ciudades fueran de tal urgencia e importancia que De Vido no pudiera llevarlas a cabo en aerolíneas comerciales. Según el vocero ministerial, los objetivos fueron "realizar gestiones ante gobiernos extranjeros o participar de actividades con autoridades provinciales".
El empleo de aviones y helicópteros particulares por parte del matrimonio presidencial y sus funcionarios se ha convertido en un vicio que no se justifica, y un vicio muy caro que, obviamente, pagamos todos los argentinos. Ese dinero que, en principio, podría destinarse a salud o educación se malgasta -pensando lo mejor- en el excesivo e innecesario confort de los funcionarios. El viaje de De Vido a Tarija costó 186.000 pesos y el que hizo a Caracas, 478.016 pesos. El vicio nace del concepto netamente kirchnerista de que el Estado es el Gobierno y quienes usan los fondos estatales no deben rendir cuentas a nadie.
Pero lo más preocupante es que los adictos a ese vicio también están sometidos a investigaciones por asociación ilícita y enriquecimiento ilícito, como De Vido y Jaime, y que en el caso de ambos flota la fundada sospecha acerca de la real propiedad de los jets privados.