Desde que le acercaron encuestas a Olivos con un repunte en su imagen y se entusiasmó con la candidatura presidencial para 2011, Néstor Kirchner tiene una permanente obsesión: conquistar a la clase media.
Así lo hace saber a cuanto dirigente o legislador del PJ se le acerca o en las charlas informales que mantiene con empresarios. "Desde 1955 que fue el golpe de Estado que derribó a Perón la clase media no está inmersa en un proyecto político y siempre fue dejada de lado por todos los gobiernos", reflexiona un secretario de Estado que frecuenta los pasillos de Olivos. Es en rigor, el concepto que encierra la instrumentación del mayor objetivo de Kirchner, aquel que tiene que ver con comprometer al ciudadano medio argentino con los planes de la Casa Rosada y el modelo económico instaurado desde 2003.
Los festejos del Bicentenario, con la gente en las calles y el fervor de Cristina Kirchner en la Plaza de Mayo entusiasmó aún más al ex presidente. Es que en esa semana festiva de Mayo, el matrimonio presidencial percibió que el sueño de captar a la clase media y sumarla a su proyecto se hacía realidad. ¿Será puro efecto de los festejos? ¿Estará entusiasmada la clase media con el modelo K como dicen los funcionarios? ¿Aceptará el argentino medio los caprichos y crispaciones de un gobierno que no toleró hasta ahora el disenso? Otro funcionario kirchnerista afirma tajante: "Si la clase media puede recordar bien el proyecto político de Sarmiento más allá del conocido malhumor que tenía, bien podrá soportar a Kirchner con sus crispaciones". ¿No será demasiado arriesgada o temeraria la comparación?
En el entramado de ese plan de captación de la clase media se incorpora el discurso de tono más suavizado de Kirchner. No importa si se trata de una sobreactuación desmedida. Lo que importa es el objetivo: reencauzar los vínculos perdidos con un sector de la sociedad que le dio la espalda en las elecciones del año pasado.
Hay varios factores que evalúan en la intimidad del poder en estos días para dar con la meta señalada. Lo inmediato es contener la inflación y fomentar el consumo. Allí estará la mano firme del polémico Guillermo Moreno para frenar estampidas de precios. Por esto es impensable una salida del gabinete del soldado y secretario de Comercio en este momento. A la vez, en la Casa Rosada se esmeran en armar planes para incentivar el consumo: créditos para autos y casas, entrega de decodificadores de TV digital y una eventual apertura para incluir más beneficiarios en el plan universal por hijo. También habrá una fuerte inyección de fondos para la obra pública en todo el país.
¿Se entusiasmará la clase media con todas estas medidas como para votar masivamente a Kirchner? Pregunta lanacion.com a un destacado ministro. "Si la oposición sigue jugando al suicidio cualquier cosa nos ayudará", responde de inmediato. Todo el espinel de encuestadores coincide en que la imagen de Kirchner creció en los últimos meses. Todos aseguran a la vez que el ex presidente tiene un piso de votos del 30% y que necesitará de la clase media para llegar a un 40% y arañar el sueño dorado que siempre tuvo Kirchner desde que llegó de Río Gallegos: instalarse en el poder durante 12 años o más. Los encuestadores también coinciden al momento de evaluar el repunte de Kirchner que para seguir esa escalada de imagen positiva se deberán atender temas propios que hoy afectan sustancialmente a la clase media y los grandes centros urbanos: la inflación, el desempleo y la inseguridad.
No será nada fácil reconstituir los lazos que el Gobierno cortó con los sectores medios de la sociedad tras la pelea del campo y los comicios del año pasado. ¿O acaso no fue siempre esa clase media que nunca tuvo ataduras políticas la que modificó constantemente el termómetro social en cada elección?