En el Soccer Friday, los hinchas mostraron contagiosa algarabía con camisetas de su seleccionado; Pretoria respeta a la Argentina, que deberá seducirla
PRETORIA.- De alguna manera, el Mundial para el seleccionado argentino empieza hoy. Es cierto: todavía faltan 13 días para el debut ante Nigeria, pero al poner esta mañana los pies en tierra sudafricana -a la delegación se la espera a las 8.35 en el aeropuerto O. R. Tambo, de Johannesburgo-, Diego Maradona y sus muchachos pondrán a prueba la capacidad de atracción y seducción para ganarse la simpatía y la admiración de los habitantes de Pretoria, donde el plantel estará concentrado durante el Mundial. Aquí hay un reconocimiento futbolístico para muchas individualidades del seleccionado. Habrá que ver si también se establece una conexión sentimental, de afecto.
De corazón, los sudafricanos están entregados de lleno con su seleccionado, el "Bafana Bafana". No les importa que el equipo de Carlos Parreira no sea favorito y muchos le auguren un paso breve por la competencia. Les alcanza con sentirse anfitriones, con considerarse el centro del universo futbolístico durante algo más de un mes. No hay conflicto social ni penuria económica que releguen el sentido de pertenencia a la causa del Mundial.
El clima festivo se adhirió ayer a una consigna: el "soccer friday", el viernes del fútbol. El día en el que muchos sudafricanos, los que están en sus puestos de trabajo o transitan las calles de esta capital, se calzan la camiseta amarilla del seleccionado como la vestimenta del día. Tampoco hay que exagerar: no es una marea amarilla que invada los espacios públicos, pero basta dirigir la mirada a cualquier punto de la céntrica plaza Church Square o sus alrededores para encontrar varios transeúntes con la camiseta nacional. Y con empleados de varios bancos y organismos públicos ocurrió lo mismo.
Desde el monumento sobre el que se levanta en el centro de Church Square, la figura de Paul Kruger, un ex presidente que en el siglo XIX comandó la resistencia de los boers (los antiguos granjeros) contra la expansión británica, vigila en la agradable y soleada mañana (una réplica de los días anteriores) el incesante paso de la gente. La estatua, en su conjunto, tiene un perfil intimidatorio por los cuatro fusileros fijados a los pies de Kruger. En los alrededores, en la peatonal Church, el paisaje humano es menos grave y severo. La vida transcurre de manera más placentera y amigable entre los comercios y una larga hilera de puestos callejeros. Los sudafricanos que llevan la camiseta del seleccionado se alborotan cuando el fotógrafo de LA NACION los enfoca con la cámara. Saltan, ríen, hacen poses, gestos, mohines. Como si quisieran comunicar la alegría que llevan dentro. Se muestran extravertidos y chispeantes. Ocurre en la vía pública, y quizá también sucedería lo mismo con los empleados bancarios, que deben contenerse y guardar las formas. En el First Nacional Bank y el Standard Bank (un edificio abovedado, adornado a media altura con un montón de pelotas mundialistas puestas sobre una cornisa), los encargados de seguridad no permiten tomar fotografías de los numerosos empleados que fueron vestidos de Bafana Bafana.
Más laxitud tienen los bancarios del Afrikan Bank, donde hay reservada una sorpresa: la empleada Thandi lleva una remera y un buzo argentinos. "Me gusta Messi", avisa. No tiene problemas en posar para el fotógrafo junto al cajero Peter, que muy entusiasmado deja su puesto para ser retratado. En ese instante ingresa una clienta, Marjory, que, como portadora de la camiseta sudafricana, no duda de sumarse a la escena.
En las calles, muchos automóviles ya tienen en los espejos retrovisores una funda con la colorida bandera nacional. Para encontrarse con la mayor manifestación pública en favor del seleccionado de Sudáfrica y del Mundial hay que recorrer 15 cuadras, hasta la avenida Schoeman al 185, en la vereda del ente estatal Water Affairs, donde hay decenas de hinchas, a un lado y otro de la arteria, improvisando bailes y cánticos. La novedad es que muchos hacen sonar las vuvuzelas, las cornetas que ensordecen. Los automovilistas sienten que pasan ante un cortejo festivo que hace más lento el tránsito.
Con el "soccer friday", Pretoria estuvo ayer entregada al Mundial y a los Bafana Bafana. Es la ciudad que hoy recibirá a la Argentina, a la que le vendría bien contagiarse de la energía positiva que aquí se respira.