Las herederas del movimiento feminista debatieron sobre los retos de la mujer moderna
Más de 600 representantes organizaron un congreso internacional en Buenos Aires para delinear objetivos a futuro; en un espacio cerrado al público masculino, aseguraron que la lucha sigue vigente
Un hombre entra en el salón. Silencio sepulcral. "¿Quién lo dejó pasar?", dice una voz aguda pero firme. El sujeto gira sobre sus talones y mientras se retira, sus mejillas se encienden. Sin saberlo, había infringido la regla básica que regía en esa sala del Hotel Bauen de Buenos Aires. Se trataba del II Congreso Feminista Internacional, que se celebró en la tercera semana de mayo, en el que se inscribieron más de 600 mujeres, las únicas que podían participar de la reunión.
La fecha del congreso no es arbitraria: se cumplen 100 años del Primer Congreso Internacional Feminista de Buenos Aires, ese encuentro donde las primeras académicas, trabajadoras y activistas políticas del país buscaron fortalecer sus lazos ante un modelo patriarcal que consideraban injusto.
"Hay muchas barreras que nunca terminaron de romperse. La lucha sigue ahí y la tenemos que construir nosotras mismas", aseguró a lanacion.com Sandra González, licenciada en Derecho, una de las principales organizadoras de la segunda edición de este encuentro internacional, celebrado en el marco de los festejos por los 200 años de la Patria.
La iniciativa, que tuvo lugar entre el 19 y el 22 de mayo, se orientó principalmente a revisar las conquistas que logró el movimiento desde sus inicios y analizar los saldos pendientes en la actualidad que aún dejan a la mujer en desigualdad frente al hombre. Al mismo tiempo, representó un homenaje a la obra de sus antecesoras. "Muchas de las demandas y de los discursos de 1910 están absolutamente al día", destacó González.
Si de representar a la mitad de la humanidad se trata, al congreso asistieron delegadas de numerosos rincones del mundo. Mujeres de España, Alemania, Francia, Ucrania, Bangladesh, Australia, Colombia, Nicaragua, Mozambique, China y Corea, entre otros países, viajaron especialmente y participaron activamente del debate gracias a la presencia de dos traductoras.
Durante los cuatro días en los que se desarrolló el encuentro, esa diversidad se coló en las ponentes y oyentes de tal manera que no hubo un rango de edad mayoritario ni alguna profesión que sobresaliera. Lo que sí se advirtió fue la apatía del público más joven que se mostró algo reticente a participar de la propuesta. "Cuesta enganchar a las chicas con el movimiento. Te encontrás con mucha gente que lucha por los derechos de la mujer, pero que no quieren que se las catalogue como feministas, entonces prefieren no hacerla pública", advirtió.
En la antesala del foro del encuentro, las activistas de los años sesenta se mezclaron con mujeres recién insertadas en el mercado laboral, y las militantes de partidos políticos dialogaron con las que asistieron con curiosidad como oyentes.
¿Qué persigue el feminismo? La variedad de orígenes de las participantes tiene su correlato en las diferentes definiciones de lo que se entiende por feminismo. González lo calificó como un movimiento internacional abierto a cualquier vertiente y rechazó la idea de concebirlo como una corriente que se construye para oponer resistencia al otro. "Se trata de poder poner sobre la mesa las problemáticas de las mujeres y ver qué es lo que podemos hacer para revertir esa situación de opresión", aclaró.
Otras lo definieron como una postura ideológica. "El feminismo es una posición política, no hormonal. Es la posición ética que considera injusto que haya posiciones de inferioridad de las mujeres y el compromiso práctico para revertir esta desigualdad en la sociedad. Cualquier persona que tenga una posición moral que le haga inaceptable esta situación es feminista. Y si un hombre coincide con esto, también lo es", describió la legisladora porteña Diana Maffía.
Mientras que una minoría mostró una posición más radical. "Yo entiendo al feminismo como una concepción revolucionaria. Estamos recién en los primeros pasos, falta mucho para empezar a caminar. Y ni hablar para correr", dijo Marta Mígueles, la misma que se animó a gritar "¡Clítoris, clítoris, clítoris!" para pedir la liberación de la sexualidad femenina durante el Foro.
En términos históricos, las feministas de comienzos del siglo XX, las mismas que formaron parte de la primera edición, representaron una activa preocupación por las modificaciones legales que las mujeres necesitaban, fundamentalmente, en el acceso a las urnas, el divorcio y la igualdad de salarios para ambos sexos.
Más tarde, con el surgimiento de la píldora anticonceptiva y con Woodstock de telón de fondo, el feminismo experimentó un nuevo despertar en los años sesenta. Con sus marchas, buscaron terminar con la segregación sexual para lograr la "liberación" femenina. Pero no se trató sólo de panfletos, sino de una lucha para que todas esas reivindicaciones tomaran la forma de leyes.
Mayores logros. En el centenario del primer encuentro, estas feministas del siglo XXI reconocen que hubo avances. "Hay mujeres en la política cuando antes ni si quiera existía el derecho a sufragar y numerosos derechos civiles adquiridos, como la patria potestad sobre los hijos", recordó Maffía.
Muchas señalaron la entrada de lleno en la academia y subrayaron que hoy la matrícula universitaria está feminizada. "Lo más importante es que hoy hay libertad para juntarse a pensar", indicó con 50 años de participación en el movimiento Rosa Collado Zárate.
Sin embargo, ninguna de ellas consideró como un paso importante el hecho de que una mujer ocupe el cargo ejecutivo más importante del país. "Tener una presidenta no significa nada, la excepción no hace a la regla", sentenció Marta Mígueles. "Esta mandataria destaca mucho que es mujer, pero no hizo nada específico para revertir la opresión, las redes de prostitución, la desigualdad en el trabajo", agregó Collado Zárate.
Desafíos pendientes. Para las feministas, la sociedad todavía adeuda muchos pendientes con la mujer. Según indicaron, los imperativos culturales todavía tratan al género como objeto de consumo y de denigraciones en los medios de comunicación. "Alcanza con encender el televisor", indicaron.
No obstante, pusieron énfasis en que la lucha actual se concentra en dos causas mayores, que en el seno del movimiento conciben como análogas al derecho al sufragio. En pleno siglo XXI, estas mujeres pelean por la legalización del aborto y la igualdad de oportunidades.
Las feministas de hoy exigen una reglamentación oficial que autorice la interrupción del embarazo y, sobre todo, la posibilidad de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, su sexualidad y la maternidad, sin condicionamientos políticos ni religiosos de por medio.
También, bregan para que la toma de decisiones no sea un derecho exclusivo en manos de los hombres: "Seguimos cobrando un salario menor a los hombres pese a tener el mismo puesto. Seguimos sufriendo la opresión económica de no poder tener las mismas oportunidades que los hombres en algunos rubros", expresó González.
Por otro lado, muchas de las participantes del congreso indicaron, además, la influencia que la sociedad patriarcal todavía ejerce en numerosas provincias del país. "Sobre todo en las zonas de frontera, la sociedad es muy conservadora. La violencia familiar y la violencia de género está muy naturalizada, a diferencia de las ciudades más grandes", indicó la periodista salteña María Eugenia Rocha."No hay una reacción pública del Estado con respecto a la violencia que sufren las mujeres. La semana pasada un intendente justificó la violación de una niña de 14 años culpabilizándola a ella", ejemplificó Micaela Fernández Darribá.
Respecto a la salida del hogar y la progresiva inserción en el mercado de trabajo, las feministas señalaron que ese espacio tradicional fue reemplazado por una "doble jornada laboral", en la que se convirtieron en lo que ellas mismas denominan "mujeres orquesta". "Estamos leyendo y con el pie hamacamos el cochecito", ilustró la fotógrafa María Cristina Arriagada.
"Hoy en día la mujer sigue siendo la logística del hombre", sentenció Collado Zárate. El testimonio de esta mujer, que lleva cinco décadas en el movimiento, parece indicar que aquel "ser para el otro", del que hablaba Simone de Beauvoir con un aire innovador para su época, todavía no se superó del todo. Por lo menos, no para las feministas.
Por Maia Jastreblansky y Valeria Vera
De la Redacción de lanacion.com
mjstreblansky@lanacion.com
vvera@lanacion.com.ar