Las imágenes sobre la fachada del emblemático edificio evocaron hitos argentinos, con una lectura política
Fueron apenas 11 minutos cargados de evocación que resumieron, desde una notoria mirada política, 200 años de historia patria. Las multitudinarias miradas de cientos de miles de argentinos congregados en las calles esperaron, con ostensible fervor y un palpable orgullo de pertenencia, el comienzo de un show lumínico y sonoro que honrara el Bicentenario.
Al igual que había sucedido la noche anterior sobre la fachada del Teatro Colón, esta vez fueron las austeras paredes blancas del Cabildo, ícono revolucionario, las que, mediante la tecnología mapping, hicieron hincapié en los sucesos, por momentos aciagos, de nuestra historia a través de voces e imágenes documentales editadas con logrado dramatismo.
La presidenta Cristina Kirchner se apostó frente al Cabildo tras recorrer caminando junto con su esposo, Néstor Kirchner, y los siete mandatarios extranjeros invitados, además de miembros del gabinete, la pasarela hilvanada hasta la Casa Rosada. Acababa de dejar inaugurada la Galería de los Patriotas Latinoamericanos, un recorrido pictórico con figuras políticas y sociales relevantes de los últimos dos siglos, con obras donadas por los gobiernos de varios países.
"Queríamos un Bicentenario popular, con el pueblo en las calles", se había encargado de definir la Presidenta y, en su contacto con la gente, pudo comprobar in situ que ese propósito había sido superado.
Sin mayores preámbulos, y mientras el presidente venezolano, Hugo Chávez, firmaba autógrafos por doquier, se proyectaba la iconografía de animación. Fue como si los propios fantasmas de la Revolución de Mayo estuvieran llamados a celebrar su gesta. La estampida de imágenes evocó desde el ideario emancipador hasta las Invasiones Inglesas, la Guerra de la Triple Alianza y la batalla de Caseros.
Los hitos políticos, como la asunción de Perón, los golpes militares y las plegarias de las Madres de Plaza de Mayo encontraron en audios y videos documentales contrapuestos con otras imágenes los ecos más certeros de cierta narrativa histórica.
"Si quieren venir, que vengan", se escuchó en la voz de Galtieri "proyectada" sobre las cruces que asomaban del cementerio malvinense de Darwin. "La casa está en orden, pero no hubo sangre", retumbó en la garganta de Alfonsín sobre afiches que se oponían a las leyes de punto final. De los diez años del gobierno de Menem se oyó el furcio "nada de lo que deba ser del Estado permanecerá en manos del Estado".
De 2001 se mostró la represión en la Plaza de Mayo y de la era kirchnerista, el retiro del cuadro de Videla del Colegio Militar. A esa altura las rostros sonrientes de miles de argentinos se fundían con los colores patrios.