El hallazgo de tumbas de 2.000 años moviliza a un pueblo de Santa Fe
Alumnos y maestros excavan para saber más sobre los antiguos moradores de sus pagos.
Los 9.000 vecinos de Malabrigo, en el nordeste santafesino, están asombrados y movilizados con el hallazgo de un enterramiento de unos 2.000 años de antigüedad, en la costa del río San Javier. Chicos de las dos escuelas medias están participando en la excavación, que ya dejó al descubierto los restos de una madre junto a un niño.
Tal como informó Clarín el viernes, un pescador halló una mandíbula humana en la barranca, y se la llevó al intendente Amado Zorzón. Este convocó al profesor Dante Ruggeroni, director del Museo Arqueológico y Paleontológico de Reconquista (43 kilómetros al sur de Malabrigo), quien se acercó al lugar, a unos 30 kilómetros del pueblo.
En las cercanías de Reconquista "encontramos más de 300 enterramientos", contó Ruggeroni a Clarín. Pero éste fue el primero en Malabrigo, "sorprendió a todos y generó curiosidad -señala el intendente-. Creemos que fue un cementerio". De hecho, Ruggeroni reveló que en dos de las cuadrículas aún hay cráneos por desenterrar. Si bien las piezas serán enviadas al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, para su datación con carbono 14, se presume que podrían tener unos 2.000 años de antigüedad. En esa época se ubica la llamada cultura Goya-Malabrigo, de la que ya se han encontrado "elementos con características comunes: animales modelados en cerámica, algunas formas de alfarería, y una alimentación ligada al ambiente ribereño", explica a Clarín Mariano Bonomo, investigador del Conicet en el Museo de La Plata.
¿Quiénes eran aquellos hombres y mujeres? Sebastián Gaboto y Diego García de Moguer, los primeros europeos que remontaron el río el Paraná, "describieron varios grupos, que no se sabe si eran distintos, o si usaban el nombre de los caciques: Chaná Timbú, Timbú y Mbeguá -apunta Bonomo-. Eran diferentes de los Guaraníes, y más altos, adaptados a esos ambientes fluviales de islas y de la llanura aluvial del Paraná". Los describen las primeras crónicas del siglo XVI, y también Pedro de Mendoza; son mencionados en el siglo XVII y después desaparecen. Eran grupos canoeros, que explotaban el río, tanto los peces como los mamíferos de ese hábitat: coipo, carpincho, ciervo de los pantanos y venado de las pampas.
En el enterramiento de Malabrigo también se encontraron otras piezas. Llaman la atención los tembetá, adornos que se colocaban mediante perforaciones bajo el labio inferior, hechos en piedras traslúcidas de colores.
En la zona, destaca Bonomo, se han observado muchas modalidades de entierros, y no sólo directamente en la tierra. Se hallaron paquetes funerarios: tiempo después, el cuerpo era desenterrado, se limpiaban los huesos, se pintaban, se envolvían en un cuero y se enterraban de nuevo. "También hay restos quemados; no sabemos si fueron cremados, o víctimas: hay relatos de conquistadores que hablan de canibalismo", indica el investigador.
El hallazgo "generó una movilización para saber que pasó en esa época", cuenta el intendente de Malabrigo, a cargo de la logística de las excavaciones. Orientados por el director del museo de Reconquista, 12 alumnos de las dos escuelas medias y algunos docentes son quienes, espátula en mano, van los sábados al río San Javier para hurgar en la historia de los antiguos moradores de sus pagos. Entretanto, Zorzón sueña con fundar un museo antropológico en Malabrigo.