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Argentina tiene perfil de mujer
Un balance de claroscuros muestra al país liderando en participación política femenina pero quedan duras batallas por librar contra la inequidad laboral y la violencia.
Este nuevo 8 de marzo, a casi sesenta años del día en que las mujeres pudieron ingresar al cuarto oscuro por primera vez, Argentina se posiciona entre los primeros países del mundo con mayor participación de mujeres en áreas de decisión pública y lidera la región por encima de Costa Rica. La rimbombante entrada de Cristina Fernández al sillón más grande del poder ejecutivo se sumó -Ley de Cupo mediante- al aumento en la participación parlamentaria de los últimos años y al ingreso de mujeres a la Corte Suprema de Justicia. Fernández también firmó en enero los nombramientos de 40 jueces para ocupar tribunales vacantes y la mitad de los elegidos fueron mujeres. Los datos que anteceden son -por el momento- meras estadísticas y se espera que estas presencias en áreas de decisión se traduzcan en políticas públicas concretas para garantizar los derechos de todas las ciudadanas.
Las últimas elecciones plantaron bandera en la historia del rol de las mujeres en nuestro país. Por primera vez una mujer llegó a la presidencia por voto popular, otra quedó como la cara más fuerte de la oposición y otra asumió también por voto popular la gobernación de una provincia.
Esto, que es un fuerte signo de cambio cultural, no revierte de un día para el otro prácticas discriminatorias enquistadas en la sociedad pero es un viento que promete un panorama alentador.
Unos días antes de ser electa, en un discurso frente autoridades universitarias, la Presidenta marcaba: "Nuestro país se encuentra entre los diez primeros del mundo con mayor participación de la mujer. (...) No sucede lo mismo en el sector privado y en otros sectores de la vida pública, por ejemplo en la universidad. La matrícula es mayoritariamente femenina, pero en los puestos de decisión siguen siendo mayoría los hombres. Faltan mujeres para construir allí poder político". Según datos de 2007 las mujeres representan un 55% en la matrícula universitaria y terminan la carrera en un promedio del 57% más que los varones, pero no ocupan cargos en la conducción ni están en proporciones equitativas en colegios profesionales.
Un informe para América del Sur elaborado por JICA (una ONG de cooperación internacional) señala: "las argentinas han tenido un gran avance en materia laboral desde la crisis de 2001-2002, aunque el país registra una de las mayores brechas salariales entre varones y mujeres del mundo". Este trabajo corresponde al año pasado. Según una encuesta de la oficina de equidad laboral del Ministerio de Trabajo (CTIO), el ingreso medio de ellas, en general, es un 30% menor que el de ellos. En el sector privado esas brechas se incrementan. En los cargos directivos las mujeres ganan un 25% menos y en los de jefatura, un 26% por debajo.
Los datos referidos a la desocupación difundidos por el INDEC del último trimestre de 2007 muestran que la tasa de empleo de las mujeres es inferior a la de los hombres (40% contra 60%). En desocupación los indicadores revelan que las mujeres activas están en el orden de 8.9% mientras que los varones en un 6.3%.
La presidenta de UNIFEM para Brasil y países del Cono Sur, Ana Falú, consultada por Mujer desde Madrid opinó: "Argentina se debe ahora leyes de cupo empresariales y conquistas para la mujer que trabaja y tiene hijos, que también incluyan a los hombres en la misma situación". En España se puso en vigencia una ley de igualdad que insta a las empresas en un lapso de 4 años a equiparar a las mujeres con respecto a los hombres en los lugares de decisión. "Es un modelo muy interesante que perfectamente puede replicarse en Argentina", continúa, y agrega con respecto a las luchas en relación a la maternidad en Europa: "los europeos ya se dieron cuenta de que se necesitan políticas para que las mujeres puedan trabajar y no se les dificulte el derecho de criar a sus hijos". Esta, que parece una decisión privada, no lo es. Se trata de un tema público porque su tasa de reproducción es menor a la que necesitan para que se renueven sus sociedades.
Los datos de la violencia
Por miedo, por escepticismo del sistema judicial, por razones económicas... Por distintos motivos miles de mujeres no denuncian la violencia a la que son sometidas por sus parejas o ex parejas. La vergüenza y el miedo juegan un papel fundamental -sobre todo en los estratos sociales altos-. Los casos registrados en su mayoría son de mujeres pobres y esto no significa necesariamente que sea el sector social más castigado. No hay datos precisos de casos de violencia doméstica porque los organismos que se ocupan del tema trabajan como islas y no existe un sistema de entrecruzamiento de información. En el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, por ejemplo, existe una Brigada Móvil de Emergencia para casos de violencia familiar y abuso sexual que pertenece al Programa Las Víctimas contra las Violencias. Está integrada por un psicólogo y una trabajadora social que, una vez recibida la llamada, en un plazo no mayor a 20 minutos, deberá estar junto a la víctima para acompañarla y animarla a mantener la denuncia contra el agresor. "Tanto en este tipo de delitos como en casos de violencia familiar, el Estado ha estado ausente y su lugar ha sido ocupado por asociaciones de víctimas", explica Eva Giberti, a cargo de la brigada (ver Opinión). "La violencia no comienza con un golpe, sino con un grito, con una humillación... Y si la mujer no denuncia, esas conductas pueden llevar a la muerte. La relación entre lo que ocurre y lo que es denunciado es de 10 a 2", dice Giberti.
Desde la presidencia del Consejo Nacional de la Mujer, Pimpi Colombo va a la génesis del conflicto: "La violencia verbal está en la raíz de la sociedad, puede verse claramente, por ejemplo, en el humor colectivo. En los medios está plagado de sexismo y falta de respeto contra la mujer, con toda naturalidad. Hay una batalla muy importante que dar para desnaturalizar la violencia. La mayoría de los homicidios de mujeres ocurren en el marco de sus relaciones de pareja o ex parejas. Pero la sociedad no los trata igual que otros asesinatos porque tiene para con ellas un discurso moralista. Fue el caso de Nora Dalmasso o de Rosana Galliano, por ejemplo". Con respecto a las cuentas pendientes de las que se esperan avances desde el Estado, Colombo marca: "Falta articular una tarea desde todas sus áreas, salud, judicial, social, que vaya perfeccionando un trabajo interrelacionado. Crear un registro unificado de casos con los datos de las organizaciones que hacen atención de la violencia".
Natalia Páez.
npaez@clarin.com
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