A pocos kilómetros de las cataratas del Iguazú, una posada histórica con su reserva natural de especies autóctonas junto al Paraná
PUERTO LIBERTAD.- Llevamos diez minutos caminando en silencio cuando Emilio White, siempre adelante, pega un saltito a la derecha del sendero. Ahora está agachado, expectante, en la selva misionera. "Un bailarín azul...", exclama, pero en voz baja. "Está en pleno cortejo", agrega. Y aunque suene como si hubiera visto un duende monocromático y en celo, lo que señala es en realidad una de sus aves favoritas.
No es simple detectar lo mismo que el experto entre la densa vegetación, pero sí es fácil contagiarse su entusiasmo por el bailarín azul. Incluso para quien no distingue un zorzal de una calandria. "Es un pájaro muy particular -explica, de nuevo en camino-. Se ubica en una rama y empieza a hacer una danza grupal muy graciosa para cortejar a la hembra."
White, ex alumno de la Escuela Argentina de Naturalistas, carga en su morral binoculares, una guía de pájaros bilingüe, un iPod con parlantes y un atado de Marlboro. El iPod no es para amenizar el trekking con música, sino para reproducir cada tanto la grabación (¡bajada de Internet!) del canto de una tucaneta, y así atraer a sus parientes. "Un recurso del que no hay que abusar", dice discretamente el investigador, que pasó largas temporadas en los bañados formoseños estudiando monos y anacondas.
Estamos en la reserva natural de 300 hectáreas perteneciente a la Posada Puerto Bemberg, que abrió sus puertas el año último a pocos kilómetros de Puerto Iguazú, a media hora de la entrada al parque de las Cataratas. Y White conoce bien el sitio donde los bailarines suelen hacer sus periódicos shows porque él trabaja para el hotel y diseñó los senderos para avistamiento de aves en este sorprendente predio privado.
Sorprendente por sus características actuales, pero también por su pasado, que arranca a principios del siglo XX, cuando el Grupo Bemberg invirtió en estas tierras junto al Paraná. Una primera etapa de explotación yerbatera y prosperidad dio origen al pueblo de Puerto Libertad, informalmente conocido como Puerto Bemberg, que llegó a tener 6000 habitantes. Pero hacia la década del 50 el gobierno de Juan Domingo Perón expropió los terrenos. La localidad pasó a llamarse Puerto Evita y, después, otra vez, Puerto Libertad. Sin embargo, ningún cambio de nombre trocó su destino: sucesivas crisis marcaron la decadencia y desaparición virtual del caserío, que no hace mucho se resumía a un puñado de edificaciones fantasma.
Bolaño, Newell´s, Isabel Sarli
Cuentan que hubo un intento, en los años ochenta, de revivir una de estas casas medio olvidadas, precisamente la vieja hostería. Pero el empresario correntino al frente del proyecto falleció en un accidente poco antes de la inauguración.
Qué poco queda de aquellos agitados años. Hoy, la posada, totalmente reciclada, es el colmo de la tranquilidad y el confort. Consta de catorce amplias habitaciones, un muy buen restaurante, pileta y huerta, entre otros espacios extra, como un mangrullo de veinte metros y un acertadísimo mirador sobre el río.
También una biblioteca que, lejos de los previsibles libros de arte y fotos de estancias argentinas, atesora inesperados títulos de Clarice Lispector, Alejandro Jodorowsky y Roberto Bolaño junto a un piano de cola (y entre tablones rescatados de ¡la vieja cancha de Newell´s Old Boys!).
El otro atractivo está en la historia y la cultura del lugar. Palpable, particularmente, en la capilla de la década del cuarenta diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo, a 600 metros del hotel, con unos raros vitrales en blanco y negro. Allí se casó White, justamente. Y a pocos metros de ahí está Pablo con una prensa por la que pasa caña de azúcar para sacarle un jugo denso y, lógico, muy dulce. "Con un metro de caña se saca un litro de jugo -explica-. Hay gente que lo usa para el mate."
También a pasos del hotel se encuentra el Vivero Puerto Bemberg, con más de cincuenta especies autóctonas. Los propietarios llevan adelante el programa Reforestar La Selva, para promover la recuperación de cierta flora perdida (por las grandes plantaciones de pino, sobre todo); incluso invitan al huésped a donar un árbol y plantarlo en diez hectáreas específicas.
En cuanto a la Reserva Puerto Bemberg, Juan Manuel Zorraquín, gerente y descendiente de los propietarios originales, dice que la idea es abrirla al público. Lo que no significa que piensen poner molinetes de ingreso ni un gift shop; simplemente, las visitas se pueden arreglar.
Pero sería una pena no aprovechar también el río. Una salida ideal, desde el hotel, es navegar en lancha por el Paraná, hacia el Norte, a un pequeño brazo que se interna hasta el pie del salto Yasy. Ahí, cuenta Zorraquín, se filmaron escenas calientes para la película India , de Isabel Sarli.
A cincuenta kilómetros de las imponentes Cataratas, el solitario salto parece pequeño. Pero el entorno salvaje, sin pasarelas, y el silencio, libre de contingentes de turistas, lo hacen también espectacular, a su manera.