Sumó tecnologías a su ciclo en Rivadavia y escribió un libro sobre sus 50 años de experiencia en el medio
El año que viene cumple 50 años de permanencia ante el micrófono. Julio Lagos es un auténtico hombre de radio y un gran innovador. Fue el primero en leer las noticias de los diarios, en hacer transmisiones por Internet, en usar una cámara web. Fue pionero en hacer programas desde la calle, primero en la trasnoche y, ahora, durante el mediodía. De lunes a viernes, de 13 a 14.30 por Rivadavia (AM 630) recorre las calles con su consola a cuestas, entrevistando a los personajes más disímiles y evocando figuras y situaciones siempre sorprendentes. Acaba de publicar Corazón de radio (manual para nuevos profesionales) , donde vuelca experiencias y lecciones. Se declara un enamorado de la radio.
-¿Te sentís un revolucionario?
-Me resisto a aceptar esa generosa denominación. Simplemente, trato de imaginar nuevas posibilidades para el medio, que muchas veces ya existen, pero es cuestión de trabajarlas y a veces hay que desandar caminos para lograrlo. Ahora estoy haciendo la radio en la calle. Es lo que yo desarrollo en Corazón de radio . El medio está pasando una crisis muy seria. Una de las características de esta crisis es la fuga de la audiencia; por eso, hay que salir a conquistar oyentes y mostrar la radio en acción, salir a la calle. Además, hay una gran cantidad de posibilidades expresivas desaprovechadas. Tenemos que hacer el esfuerzo, como radio, de ver qué oferta comercial le acercamos a ese público. Eso va mucho más allá de la tanda convencional, en la que la radio queda, generalmente, después del reparto habitual: mucho para televisión, gráfica y vía pública, y poquito para la radio.
-¿Qué es Corazón de radio ?
-Pretende aportar un estímulo para los estudiantes, tanto de la Argentina como del mundo hispanohablante. Mi aspiración máxima es estar en las bibliotecas de las facultades como libro de texto, simplemente para plantear un punto de vista y de partida?
-¿Qué le dirías a quien sueña con hacer radio?
-Que tiene que haber vocación, y la vocación es algo indescifrable. Para nosotros, la radio era el gran espectáculo. Un espectáculo en casa, cuando la escuchábamos, y otro cuando la visitábamos, que veíamos los micrófonos, los hombres vestidos de esmoquin, las mujeres de largo. Yo deseaba tener fiebre para quedarme en casa y que me acercaran el aparato de radio y viajar con la imaginación. Llegó Internet, y eso se completó.
-Tenés puntos de vista inusuales para el medio, como "El oyente es más importante que la radio" o "No hay horarios malos"...
-Es mi punto de vista. El mensaje radiofónico es integral, no puede estar fracturado. Me parece que cada día ofrece una aventura distinta. Ese abanico de cosas se traduce en posibilidades sonoras. Además, siempre hay historias para contar. Creo que lo más importante es arrancar temprano y producir. Un programa de radio siempre tiene impulsos que levantan sorpresas; son distintas historias, algunas prosperarán más que otras con el correr del día, pero la radio tiene que encolumnarse. Está Internet, los celulares. Siempre hubo crisis, y siempre va a haberlas. Si bien todo cambio tecnológico pareciera que atentase contra nuestra estabilidad laboral, lo que hay que hacer, en realidad, es capacitarse.