Cuando el Gobierno tiene dificultades, sale de shopping por el Senado. (Del diputado Felipe Solá.)
Un cliente descontento porque había comprado dos senadores que le tiraban de sisa se presentó en la oficina de reclamos del shopping de Rivadavia y Entre Ríos. "Estos senadores no me quedan cómodos. Quiero cambiarlos por otros o que me devuelvan la plata", dijo, con modales un poco prepotentes.
Pero el empleado del shopping, que había sido instruido en la idea de que la casa nunca devuelve nada, lo paró en seco con una larga serie de razones que al final terminaron por taparle la boca al comprador. Entre otras cosas, le dijo:
-Que estaba claro en los términos de la promoción "Dos senadores al precio de uno" que una vez retirados del mostrador los artículos seleccionados no eran pasibles de reclamos y que no sería admitida su devolución.
-Que habiendo, como en efecto había en ese shopping, probador a disposición de los clientes, la empresa no podía hacerse responsable por un cambio de idea caprichoso de los compradores.
-Que era imposible que los senadores tiraran de sisa porque ya habían sido sometidos a un proceso de prelavado y habían encogido todo lo que tenían que encoger antes de ser puestos en venta.
-Que, y esto se lo decía confidencialmente, el caballero se había llevado dos senadores que la compañía consideraba saldos de stock ("clavos", fue la expresión literal) y que comprendiera que ninguna empresa deshace una operación que le llueve como regalo del cielo ni rechaza un milagro.
-Que, finalmente, el caballero había propuesto, y la compañía había aceptado, un plan de crédito de 50 cuotas y que no sólo se beneficiaría con la inflación, sino que habiendo vencido la primera no existía registro de que el caballero hubiera efectivizado aún el correspondiente pago. Que lo hiciera lo antes posible o el shopping se vería obligado a recurrir a la Justicia.
Fue al oír esta última palabra cuando el cliente puso pies en polvorosa, como suele decirse, tomando la avenida en dirección a la Plaza de Mayo.