El Mundial, una excusa para integrar a las zonas más castigadas de Africa
Con pantallas televisivas inflables y dispositivos móviles, Unicef logró acercar el fenómeno a unos 2000 niños de Rwanda y Zambia, dos países sin electricidad ni sistemas de radiodifusión; un mendocino participa desde Nueva York en la implementación del programa
Ser parte del mundo en un evento mundial. No se trata de un simple juego de palabras, sino del desafío de lograr que miles de niños sin acceso a las transmisiones de los partidos puedan disfrutar del campeonato desde algunas de las zonas más castigadas de Africa, sin electricidad ni sistemas de radiodifusión.
A través de la instalación de pantallas de televisión inflables y dispositivos móviles, que incluyen celulares, GPS e Internet, Unicef y otras organizaciones sociales consiguieron difundir los encuentros disputados hasta el momento a un promedio de 2000 chicos y adolescentes del distrito de Rwanda, el pueblo de Mongu y el campo de refugiados de Mayukwayvka, en Zambia.
Innovación, ante todo. La premisa que guió al programa The World Cup in My Village (El mundial en mi pueblo) fue clara desde su lanzamiento: "Si queremos llegar a jóvenes de zonas rurales, tenemos que ser innovadores".
Así, a partir de la integración de medios tradicionales y nuevas tecnologías, los responsables de la iniciativa buscaron crear un ambiente inclusivo, y tomaron a la Copa del Mundo como excusa para promover, también, campañas de concientización sobre los problemas que afectan a esas comunidades.
Arturo Romboli, oriundo de Mendoza y project manager de Unicef Nueva York, contó a canchallena.com que desde la organización se apuntó a brindar a estas familias la posibilidad de seguir de cerca el fenómeno y convertir al fútbol en una actividad que no conoce de clases sociales.
"Mostramos los partidos del mundial en pantallas gigantes, a partir de un proyector y un pequeño dispositivo satelital. Recibimos la señal de cada juego y lo transmitimos a los chicos. Después de los encuentros, exhibimos videos cortos con mensajes relacionados con el analfabetismo, los derechos del niño, y el virus del HIV, todas realidades que afectan a Rwanda y Zambia", describió el ingeniero civil, orientado desde hace unos años a promover en poblaciones vulnerables mayor participación y compromiso con su sociedad.
Dinámicas de trabajo. El primer partido del día es siempre pregrabado por el personal que trabaja en conjunto con los chicos porque los proyectores sólo funcionan en la oscuridad. Los adolescentes llegan desde temprano a zonas de playas y médanos con sus hermanos menores y comienzan a ubicarse alrededor de las pantallas para disfrutar del espectáculo y de las dinámicas organizadas para el día.
Sus madres también se animan a acercarse con sus hijos más pequeños por la hospitalidad y cuidados que ofrecen estos espacios, a diferencia de la inseguridad que pega sobre las zonas en las que suelen movilizarse.
Los sonidos de las vuvuzelas, estrellas en esta Copa del Mundo, se entremezclan habitualmente con los comentarios de los relatores y las ovaciones de los niños, que aumentaron significativamente, sobre todo, durante los encuentros en los que participaron los países africanos y las intervenciones de jugadores de la talla de Lionel Messi.
Los niños que participan de la iniciativa se muestran entusiasmados y contagian la alegría a otros integrantes de la región. " World Cup in My Village es genial para nuestra comunidad y representa una gran oportunidad para que muchas personas sin acceso puedan disfrutar de los juegos. Incluso, personas de mayor status que nosotros vienen a verlos porque las pantallas gigantes son mejores que sus pequeños televisores", destacó una niña de 12 años, oriunda de Rwanda, según relataron desde Unicef.
El programa nuclea a más de veinte personas que se encargan de coordinar la logística y su implementación desde Nueva York. Pero, son las oficinas locales de la organización las encargadadas de llevarlo a la práctica porque son las únicas que conocen a fondo la crítica situación que atraviesan estos lugares y manejan sus dialectos, más allá del inglés, el francés y el español.
Cámara testigo. Como complemento del fútbol, se proveen a la comunidad cámaras de video, laptops y grabadores de audio para que familiares y vecinos de los participantes puedan ser testigos del entusiasmo y la alegría que trae un evento como éste a regiones tan postergadas. Los niños adquieren con estas herramientas habilidades para comunicarse y ganan confianza a la hora de compartir experiencias.
"Se dictan talleres de formación para que los niños aprendan a utilizar la radio, hacer reportajes con otros jóvenes y se instruyan para retransmitir lo que sienten al resto del pueblo", comentó Romboli.
Concluido el Mundial, Unicef buscará, junto a otras asociaciones, capitalizar los resultados de este proyecto piloto y replicarlo en otros países del mundo. La premisa es la misma: lograr que los sectores más excluidos puedan incorporarse progresivamente a la comunidad global.